FISIOTERÀPIA • OSTEOPATIA • MEDICINA TRADICIONAL XINESA

martes, 5 de octubre de 2010

Mover la cadera o pelvis: encender la caldera de nuestro cuerpo.

La salud de nuestro organismo depende, entre otras cosas, de la buena circulación de la energía en nuestro cuerpo. Salud no es la mera ausencia de enfermedad, sino la condición de estar plenamente viv@s; con un cuerpo que vibra y siente. Por energía nos referimos a energía física, a la que el yoga llama prana.

Nuestra pelvis y zona lumbar se encargan de que circule y se distribuya la energía en nuestro cuerpo, para ello necesitan movilidad, movimiento, pero al igual que ocurre con nuestros pies, nos desconectamos de esta parte de nuestro cuerpo, que es más instintiva y dejamos de moverla, con el tiempo se va rigidizando. En nuestra sociedad esto se acentúa más en los hombres, ya que el movimiento libre de la pelvis y la cadera suele asociarse a las mujeres, a lo femenino.

La rigidez, el atascamiento de la energía en esta zona genera dolores lumbares problemas de discos, ciática, rodillas y pies planos y también problemas en nuestra sexualidad. Especialmente limita nuestra capacidad de disfrutar de las cosas de la vida, nuestra capacidad de apasionarnos por todo lo que hacemos.

Hombres y mujeres necesitamos recuperar, apropiarnos de este potencial, ya que cuando esta zona tiene movilidad y la energía circula libremente, podemos disfrutar de una sexualidad placentera, alegre, sana; de relaciones afectivas que nos enriquecen y sentir alegría, calor, placer y disfrutar de todos los aspectos de la vida diaria.

¿Qué podemos hacer para relajar nuestra pelvis y movilizar la energía de esta zona?

• Saber que la expresión corporal es la mejor manera de movilizar la energía y la música y la danza son recursos útiles para expresarnos.
• Cuando estés de pie, en posición de enraizamiento, cuida que tu pelvis caiga hacia el suelo, que no esté hacia fuera; “sacando culo”, porque esto genera tensión constante.
• Tendid@ de espaldas sobre una manta o alfombra, con las rodillas dobladas y las plantas de los pies apoyadas en el suelo, balancea la pelvis hacia atrás y adelante (como si dijeras que si con la pelvis).
• Rebote de pelvis. En la misma posición golpea suavemente tu zona sacra posterior contra el suelo, levantándola y bajándola. Juega con ese movimiento, que sea placentero no agresivo, ya que es para aflojar, energetizar y disfrutar.
• Danzar, moverse libremente con música cadenciosas que estimulen la sensualidad, la alegría, preferentemente brasileñas, árabes, caribeña. Cerrar lo ojos puede ayudarte a sentir tu cuerpo, tus sensaciones y a dejarte llevar. Deja que tu cuerpo se mueva sin pensar en pasos, en si sabes o no bailar.
• Danzar para relajar la pelvis. Con el mismo tipo de música que tenga algo de percusión. Relaja el cuerpo y marca el ritmo sólo con tus caderas; moviendo la pelvis adelante y atrás. También puedes mover la pelvis en movimiento rotatorios, hacia una dirección y luego hacia otra. Y luego moverla haciendo una figura de ocho alargada.

Artículo adaptado de los libros:
Sanz, F. Psicoerotismo femenino y masculino. Cairos
Lowen, A. Bioenergética. Sirio
Material bibliográfico de la formación: Cuerpo, energía y transformación. Instituto Gestalt Barcelona.

viernes, 16 de julio de 2010

Con los pies en la tierra

Inmersos en una sociedad que ha privilegiado el desarrollo de capacidades intelectuales, hemos deshabitado nuestro cuerpo. Utilizándolo únicamente nuestra cabeza para conocer el mundo, hemos abandonado la parte inferior de nuestro cuerpo, especialmente nuestros pies que son nuestras raíces, nos conectan con la tierra que nos sostiene y alimenta.

Pasamos la mayor parte del tiempo sin tocar el suelo, metid@s en zapatos puntiagudos, estrechos, de tacón, que obedecen a modas y que aprisionan nuestros pies, pues nada tienen que ver con la forma anatómica de éstos y limitan su movimiento.

Herimos nuestras raíces, deformando nuestros pies, olvidando que en éstos se multiplican nuestros huesos, vasos sanguíneos, nervios y que todos los órganos del cuerpo se proyectan en la planta de nuestros pies. ¿Cómo no sentirnos incómodos, inestables, ansiosos, si estamos suspendidos en el aire, por encima del suelo sin poder apoyar la planta de los pies? la mayoría de las personas sufrimos de los pies y por tanto de nuestro cuerpomente.

El contacto de nuestros pies y piernas con la tierra nos permite descargar tensiones, bajar de la nube de pensamientos y preocupaciones y cargarnos de energía para que nuestro cuerpo esté más equilibrado, más enderezado y firme.

Si estamos enraizados es más fácil estar en contacto con la realidad, más atent@s en el aquí y ahora, dinámic@s. Nos es más fácil “saber quien soy y que espacio ocupo”, sentirnos más segur@s. El enraizamiento se relaciona con un sentimiento de confianza básica; “confío en que me apoyo y sostengo a mi mism@ y también confío en el vida.

Además, entre más en contacto están mis pies con el suelo, más profunda será mi respiración.

¿Qué podemos hacer para tener un mejor contacto con el suelo, para tener un mayor enraizamiento?

• Saber que los pies no necesitan soportes artificiales, lo que necesitan para su desarrollo perfecto es la libertad total de movimiento, sobre todo cuando de bebé se empieza a caminar.
• Ir descalz@ la mayor parte del tiempo posible; en casa, en los jardines, la playa, en terrenos con piedrecitas (evitar las baldosas y el asfalto), ya que esto es un masaje completísimo para el cuerpo y sus vísceras.
• Al estar de pie, pisar de forma que todo el pie toque el suelo: a) el talón tiene que apoyarse, al igual que la parte externa del pie. b) los cinco dedos de los pies deben tocar y apoyarse en el suelo, abiertos como un abanico. De esta forma se favorece el arco interno.
• Al estar de pie mantener las rodillas ligeramente flexionadas, ya que son las que amortiguan el peso. Al bloquearlas se rigidaza toda la parte inferior del cuerpo y la presión de la gravedad recae sobre la parte baja de la espalda, estresándola.
• Al estar de pie, mantener las piernas y los pies al ancho de las caderas, para que el peso del cuerpo se reparta en cada pierna.
• Usar un calzado que se adapte al pie y no al revés: que sea ancho y permita la amplitud y movilidad de los dedos de los pies. El calzado tiene que ir bien sujeto al pie y no al revés, porque esto estresa la musculatura del pie y la pierna. De igual forma, los tacones al desequilibrar nuestro cuerpo, hacen que aumenten nuestras curvas filológicas, provocando patologías en la columna.
• Darse un masaje largo en los pies con una pelota pequeña de plástico duro o madera, para suavizar la tensión de los músculos y tendones de la planta del pie y de toda la parte posterior de cuerpo.

En nuestro día a día podemos ayudarnos a enraizarnos, si procuramos tener conciencia de nuestro cuerpo y tratamos estar de pie de la forma descrita anteriormente cuando cocinamos, compramos, hacemos cola para entrar al cine, en la calle, etc. Con esta forma de estar de pie vamos corrigiendo también malos hábitos posturales.

Artículo adaptado de los libros y de nuestra experiencia personal y profesional:

Lowen, A. Bioenergética. Sirio
Munné, A. La evidencia del cuerpo. Paidós
Bertherat, T. Las estaciones del cuerpo. Paidós.
Bailey, M.. Artículo: “El arraigo”. Instituto humanista de psicoterapia corporal.

jueves, 3 de junio de 2010

El derecho a sentir (versión español)

Hay mujeres y hombres que sienten pena, pero sienten que no tienen derecho a expresarlas porque siempre hay otra persona con alguna pena más grande. ¿Es que existen penas grandes y pequeñas? ¿Es que hay personas con mas derecho que otras a sentir pena?.
Hay hombres que no pueden llorar. Cuando eran niños les dijeron que llorar era de niñas. ¿En dónde guardan aquellas lágrimas?
Hay mujeres que no se atreven a reír, porque la risa es ruidosa. ¡Qué pena no compartir la risa!
Hay personas que no se permiten disfrutar de la vida, porque aprendieron que la vida es difícil. ¡Qué lástima cerrarse a la belleza de vivir o de la vida!
Hay hombres que están enamorados, pero les da vergüenza…¡enamorarse a su edad!, ¿es que el amor tiene edad?.
Hay personas que sienten solas y alguien les dice que no se quejen que tienen a su familia. ¿Es que tener personas a nuestro alrededor evita que nos invada la soledad?
Hay hombres que creen que tienen que ser siempre valientes y a veces se sienten frágiles y vulnerables. ¿Es que están fallando?-

¿De qué nos hablan estas preguntas?, ¿qué nos dicen de las emociones?

Nos hablan de maneras de pensar, actitudes frente a la vida, formas de estar, mirar, vivir y de valores que hemos aprendido y que nos dificultan nuestra manera de experimentar y gestionar nuestras emociones.
Nos hablan de la influencia de los mensajes que recibimos de otr@s durante años y de la educación recibida, de lo que hemos visto y aprendido como “normal”, del qué dirán l@s otr@s. Estas frases reflejan que creer que hay sentimientos propios de mujeres o de hombres, de una edad, de una circunstancia, no nos ayuda a entender y expresar lo que nos pasa.
Expresar los sentimentos depenendiendo de l@s otr@s, de lo que sienten,les pasa o bien dependiendo de lo que se considera “adecuado” en una determinada situación, limita nuestro derecho individual a sentir. A veces son las otras personas las que no permiten que nos sintamos como nos sentimos, ya sea porque no lo entienden, les angustia, no saben qué hacer.
Todo esto reduce nuestro mundo emocional, invalida algunos sentimientos y la posibilidad de expresarlos.
De esta manera podemos llegar a lo que se denomina analfabetismo emocional. Sentimos, pero tenemos bloqueada la capacidad de expresarlo (por ejemplo se nos queda contenida la rabia en la garganta) o podemos incluso, llegar al punto en que no somos capaces de saber lo que sentimos en situaciones, frente a otras personas, y así quedar limitado el acceso a nosotr@s mism@s, lo que puede causarnos dificultades en nuestras relaciones con las demás personas.

Los sentimientos existen. Los sentimientos son inherentes a nuestra condición humana y tienen un mensaje que nos ayuda a guiar nuestras acciones y decisiones y nuestro camino; si los escuchamos podemos reconocer nuestras necesidades, además nos dicen que evitar, que nos hace sentir bien, en que tenemos que cuidarnos. Por lo tanto, no hay sentimientos positivos ni negativos, ya que todos los sentimientos tienen un sentido y su razón de ser. A veces experiementamos sentimientos que parecen contradictorios, por ejemplo, cuando una cosa nos causa ilusión pero también miedo, respeto. Diferentes sentimientos pueden aparecer a la vez y necesitamos acepatarlos como son y ver que nos dicen.

Cada un@ tiene su forma particular de vivir y expresar sus emociones. Es muy importante conocer nuestra forma de ser para poder gestionar con más facilidad nuestras emociones y también entender las maneras en que lo hacen l@s otr@s.

Las emociones son los colores de la vida, dan color a las situaciones que vivimos. Colores vivos, fuertes, transparentes, color que una persona ve azul y la otra verde, que a una le agrada y la otra la deja indiferente.

Los sentimientos pasan en nuestro cuerpo en forma de sensaciones
. Los nervios en la panza, el nudo en la garganta, el corazón que se acelera de emoción, por lo que prestar atención al cuerpo y sus sensaciones nos permite darles una espacio para sentirlas. Respirar ayuda a abrir este espacio en nuestro cuerpo para que transiten y continuen sus proceso natural y no se queden estancadas, enquistadas en nuestro cuerpo. También es necesario revisar si necesitamos expresar nuestra emoción, cómo y con quién compartirla.

Estamos tan poco acostumbrad@s a compartir nuestras emociones con otras personas, que con frecuencia nos resulta incómodo cuando alguien se expresa; no sabemos que hacer cuando alguien llora. Puede sorprendernos saber que lo que ayuda en estas situaciones puede ser tan sencillo y profundo como escuchar y acompañar a al otr@. Recordemos como nos sentimos cuando hemos podido compartir lo que sentíamos y nos escucharon con atención, interés y sin juicio.

¡Y es que luchamos por tanto derechos y puede ser que aún nos falta recuperar un derecho esencial, nuestro derecho a sentir!

Isolda Cárdenas Eguiluz
Psicóloga y risoterapeuta
Centre de salut i fisioterapia Espleni

Laura Coll i Planas
Médica investigadora
Institut de l'Envelliment de la Universitat Autònoma de Barcelona.